AINSWORTH Y SUS COLABORADORES.

Cuando Ainsworth y sus colegas observaron a niños de un año en una situación extraña y en el hogar, encontraron tres patrones principales de apego:

  1. Apego Seguro: Es la categoría más común, del 60 al 75 % de los bebés estadounidenses de bajo riesgo se encuentran dentro de la definición del apego más saludable durante la infancia cuando el niño se siente apoyado por sus padres o cuidadores. Donde ofrecen la comodidad necesaria para demostrar con eficacia y rapidez flexibilidad y resiliencia en situaciones estresantes y también, existe otra definición, que se manifiesta en la ansiedad de separación y reaseguramiento al volver a reunirse con el cuidador. En su totalidad, se interpreta como un modelo de funcionamiento interior, caracterizado por la confianza en el cuidador cuya presencia lo tranquiliza.

  2. Apego Ambivalente-Resistente o Ansioso: El infante desarrolla desconfianza hacia los extraños durante la infancia y muestra miedo o frustración incluso antes de que el cuidador se vaya. Además, quiere acceder a nueva información, pero sus intensos conflictos le impiden hacerlo. Por lo tanto, son más propensos a la ira, que se caracteriza por objetivos destructivos, rabietas frecuentes y otras emociones negativas. Después de todo, del 10 al 15 % de los bebés sufren de estos apegos.

  3. Apego Evasivo o Evitativo: Los infantes con un estilo de apego evitativo rechazan la información que les puede causar confusión, cierran sus esquemas a ella, y tienen estructuras cognitivas rígidas, es decir, ocurre cuando los cuidadores no protegen adecuadamente al niño, y el niño desarrolla una autosuficiencia compulsiva que fomenta el aislamiento emocional y físico. Por lo tanto, entre un 15 y un 25 % padece este apego.

Mientras que otros estudios (Main & Solomon, 1986) han identificado un cuarto patrón de apego:

  1. Apego Desorganizado-Desorientado: El infante claramente carece de apego: sus acciones y respuestas hacia los cuidadores son una mezcla de comportamientos, incluyendo evitación o resistencia, y ocurren en al menos el 10% de los infantes de bajo riesgo, pero en proporciones mucho más altas en ciertos grupos de infantes como bebés prematuros y niños nacidos de madres que abusan del alcohol o las drogas.

Finalmente, estos apegos brindan una explicación de cómo las experiencias relacionales tempranas afectan el funcionamiento interpersonal a lo largo de la vida, un marco teórico que durante muchos años se ha considerado central para comprender la relación entre el bebé y el cuidador.

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